Catalina de Erauso: Discursos políticos
Con motivo del mes de la mujer, la Biblioteca Histórica de la Universidad de Zaragoza ha decidido hablar de un personaje histórico de gran relevancia que nos muestra una mujer que vivió la vida de un varón: Catalina de Erauso. Nos ha llegado parte de su historia gracias al manuscrito sobre pergamino, adquirido por el ilustrado zaragozano Tomás Fermín de Lezaun y Tornos, titulado Discursos Políticos que la Biblioteca Histórica posee. Francisco de Navarrete en 1617 relata una de las confesiones de Catalina ante el obispo de Huamanga, mostrada en sus 8 últimas páginas.

Nacida en 1592 en San Sebastián, con 4 años fue internada en el convento de clausura de San Sebastián el Antiguo, donde permaneció 9 años.
Por su carácter beligerante, y tras varios conflictos, escapó definitivamente una noche. Escondiéndose, se quitó los hábitos, cortó su cabello y ajustó su ropa para asemejar la de un hombre de la época. A partir de este momento comenzaron sus aventuras por la península, trabajando y relacionándose con varios personajes. Ella misma declara que regresó a San Sebastián años después, y que sus padres no la reconocieron.
Como tantos hombres de la época, partió de Sevilla hacia “los Reynos de Indias”, donde también tuvo varios trabajos y se vio envuelta en varios altercados. Continuó su vida como soldado en Chile, en la compañía del Capitán Antonio de Casanova, participando en múltiples guerras contra indígenas.
A raíz de uno de sus habituales encontronazos, en 1617 fue obligada a confesar ante Fray Agustín de Carvajal en Huamanga. El documento que atesora la Biblioteca Histórica recoge cómo Catalina declaró ser virgen, y que “no ha ofendido a su esposo Jesucristo”. Considerándola inocente, el obispo la llevó a un convento de monjas, donde pasó cinco meses con hábito de religiosa.
En 1624 vuelve a España desde Cartagena de Indias a Tenerife, donde de nuevo fue juzgada en un tribunal por su forma de vida. Curiosamente, aquí confesó su amor hacia las mujeres, pero negó toda actividad homosexual para evitar ser castigada por la Santa Inquisición.
Cerca de 1625 escribió su primer libro: Historia de la monja alferez, Catalina de Erauso, escrita por ella misma. No obstante, no fue publicado hasta 1829, en París, cuyo impresor fue Jules Didot. Aquí narró su vida como protagonista de una vida libre, negada a las mujeres. Esta pudo ser una forma de explicarse ante las autoridades, pudiendo defender sus acciones. Si ese era su objetivo, sin duda alguna, funcionó. Felipe IV le otorgó una pensión vitalicia por sus labores militares en América y el Papa Urbano VIII le autorizó vestir con atuendo de varón. Las fuentes de su existencia no sólo se remontan a escritos como el que se puede encontrar en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Zaragoza, sino también a una obra pictórica, el retrato de Juan va der Hamen y León de 1626, en cuyo inventario aparece como personaje ilustre. Fue creado poco después de escribir su libro.


El pintor utiliza fuertes claroscuros y tonos fríos, mostrando de cierta manera el carácter sobrio y duro que la misma retratada poseía. No es idealizado, muestra el rostro con un cierto toque psicológico que nos permite deducir su carácter y conocer su persona de cerca.
En 1645, con todos los permisos dotados, regresó a América y optó por una vida más tranquila trabajando como arriero en México. Finalmente murió en 1650 bajo el nombre de Antonio de Erauso, a quien le dedicaron un sepulcro honorífico.
La cuestión de su género crea dudas, ya que podríamos referirnos a esta persona como un hombre transgénero, pues vivió su vida como un varón. Sin embargo, al narrar su historia, se refiere a sí misma como mujer, sin hacer mención de sentirse hombre.
En ocasiones, cuando le interesaba, al ser juzgada o interrogada, empleaba como atenuante su condición de mujer. Si aceptásemos que la misma fue una mujer que se travistió para no seguir las obligaciones femeninas, es muy interesante destacar su sexualidad. Sabemos que estuvo con varias mujeres, aseguró su gusto, y aunque se comprometió en varias ocasiones, siempre huyó de cualquier responsabilidad.
Catalina de Erauso no fue precisamente santa de devoción de nadie y hay que reconocer que a ojos del siglo XXI su personaje resulta muy difícil de reivindicar. Por un lado, se trata de un referente temprano de rebelión contra los mandatos de género. Sin embargo, no podemos separar sus hazañas protofeministas de su trayectoria violenta y cruel tanto como soldado en las colonias de América como en su vida como civil. Y es que, para colmo, también fue acusada de una gran cantidad de asesinatos.
Catalina, enfurecida y diversa, siempre ha sido un puzzle irresoluble, desde que en 1617 apareciera mencionada por primera vez en el manuscrito de Francisco Navarrete hasta nuestros días.
Aportación realizada por la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Zaragoza.

Bibliografía:
- De Navarrete, F. (1617). Relación de una monja que fue huyendo de España a Indias. En Discursos políticos (fol. 230 a 237): https://zaguan.unizar.es/record/594
- Pérez Villanueva, S. (2002). Historia de la Monja Alférez: ¿escrita por ella misma?. Memoria de la palabra: Actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro, Burgos-La Rioja 15-19 de julio 2002, pp. 1442-1452. https://cvc.cervantes.es/literatura/aiso/pdf/06/aiso_6_2_043.pdf
- Rodríguez Mansilla, F. (2010). ¡A Iglesia me llamo!. Bulletin hispanique, 112-2, 805-819. https://doi.org/10.4000/bulletinhispanique.1271
- Rutter-Jensen, C. (2007). La transformación transatlántica de la monja alférez. Revista de Estudios Sociales, 28, pp. 86-95. https://journals.openedition.org/revestudsoc/19355#quotation
