Concha de Marco: la necesidad de la palabra en verso
Concha de Marco (Soria, 1916-Madrid, 1989), fue una mujer de extraordinario talento, poco reconocido por las circunstancias de su vida.
Ensayista, traductora y poeta soriana, Concha nació tarde para ser considerada una sinsombrero, aunque posee muchas de las características que atesoraban esas mujeres transgresoras que tanto aportaron a la cultura, siendo olvidadas para posteriores generaciones.
La vida de Concha está marcada por distintos sucesos -azarosos unos, elegidos otros- que forjan su personalidad. Ella lo explica, no sin amargura, en sus diarios editados con el título de La patria de otros: memorias de una mujer libre. En ellos, pensamientos, miedos y un talante rebelde y reivindicativo. Concha se presenta como un alma llena de contradicciones, marcada por el inconformismo y un arraigado sentido de la responsabilidad: Siempre la idea del deber, la idea del honor.
La muerte de su madre.
Concha, pierde a su madre con dos años, víctima de la gripe. Esta ausencia la hace fuerte, independiente, solitaria y la desprovee de sentimiento maternal.
Niña, madre,
reflejo de mi imagen
perdida la mirada más allá
del vago aroma de unas flores secas
hacia un lejano paisaje interior.
Diario de la mañana,1967.


A la sombra de su marido
Su vida habría sido otra si no se hubiera casado con Juan Antonio Gaya Nuño, escritor y crítico de arte, una de las figuras intelectuales más destacadas del siglo XX. Dejó de ser ella, para convertirse en esposa. Por entregarle, le di hasta el tiempo y el espacio, porque viví siempre de las migajas del tiempo y el espacio que a él no le servían.
Tal fue su lealtad que sufrió con él -republicano convencido- los avatares de la guerra y la represión. Estando Gaya en la cárcel, siendo profesora en Extremadura, su enamoramiento de otro hombre le hace replantearse su futuro. Mujer de convicciones, acaba eligiendo el amor intelectual que sentía por su marido.
Permaneció a su sombra, hasta el final: doy gracias A Dios que me eligió para ser la compañía de este hombre dignísimo que fue Juan Antonio Gaya Nuño.
Yo viví su vida, ahora que él ha muerto comienzo a morir la mía.
El exilio interior: soledad, marginación, olvido
Concha vivió en el bando de los perdedores. Su marido decidió no huir, entregarse y fue encarcelado. Ella, también vivió su propia prisión, su “exilio interior”.
Mi marido a un campo de concentración. Proceso. Veinte años de prisión. Yo, rechazada por todo el mundo, incluso por mi familia. Hambre. Desprecios. Puertas cerradas.
Tú no eres nadie. Este es el exilio permanente en el que vivimos. Esta es la marginación más absoluta…
Pasión por la poesía
Yo solo me ocupo de evitar a mi marido toda clase de molestias domésticas para que pueda trabajar a gusto, es decir me encargo de la casa. Mi sola dedicación intelectual es la poesía.
¿Influencias? [...] Mi poesía no se parece a ninguna. Es absolutamente personal. Los del siglo que yo más admiro son por este orden de preferencia: Machado, Juan Ramón Jiménez, Neruda, Vallejo, Pessoa; Elior, Ezra Pound, Robert Lowell, Hart Crane.
Concha considera sus poemas como hijos:

Tengo hijos,
todos del mimo padre
sin dolor alguno les di a luz
los fui pensando en horas trascendidas
de ansia creadora [...]
Y estos hijos nunca abandonan a la madre,
ni la olvidan
ni otra mujer puede aprovecharse de ellos.
Envidiadme matronas
yo soy madre de seres que no mueren.

Su producción literaria fue concebida al cobijo de la noche. Desde 1966 a 1976 publicó siete poemarios, alentada por el éxito del primero, Hora 0,5.
Destacan por la calidad excepcional de sus poemas y por su original composición. En Diario de la mañana (1967) emula las secciones de un periódico. En Tarot (1972) cada poema es una carta…
Celda de castigo (1974), El Urbión (1976, dedicado a Soria) y Cantos del compañero muerto (1977) se publicaron de forma póstuma.
De Soria traje un claustro
que alrededor me pongo a las seis de la tarde,
traje un rumor del agua por el Soto […]
un ritmo becqueriano o machadiano
del que pretendo huir
pero no siempre,
la constancia de que al olmo seco cada primavera
le fabrica paciente hojas nuevas [...]
Traje de Soria mi cansancio,
la gracia de San Juan de Rabanera,
y esta necesidad de seguir escribiendo
cuando la tarde cae
palabras que me explique
qué dice el viento cuando el viento suena.
El Urbión,1976.
Su identidad como mujer libre
Concha de Marco le echa agallas para reivindicar su lugar en el mundo, frente al corrosivo olvido, en condiciones de igualdad con los hombres. (José Mª Martínez Laseca)
Yo solo sé que estoy muy satisfecha de ser mujer y no me cambio por ningún hombre. Lo malo es que sobre nosotras recaen primero la servidumbre a la perpetuidad de la especie, la servidumbre en el trabajo cotidiano y muchas otras. Hoy es poco menos que heroico ser mujer casada y sostener una actividad intelectual. Creo que es un gran mérito.

Aportación realizada por la Biblioteca Pública de Soria.
