EL LEGADO DE CLOTILDE GARCÍA DEL CASTILLO
Clotilde García del Castillo fue hija del famoso fotógrafo valenciano, Antonio García Perís y esposa del archiconocido pintor Joaquín Sorolla. Su imagen, desde pequeña, quedó vinculada a la Historia del Arte. Desde la perspectiva de estos dos artistas Clotilde se nos presenta como hija, musa, modelo, madre, acompañante, cuidadora. Si nos quedamos en una primera lectura nos convencemos de que fue la perfecta representación del ángel del hogar finisecular.
Nacida en el seno de una familia pequeño burguesa y esposa de un pintor reconocido por sus contemporáneos, la imagen de Clotilde se nos muestra una y otra vez como la personificación de la perfecta mujer de vida elegante y aburguesada dedicada al noble arte del dolce far niente.
Sin embargo, su carácter y personalidad se refleja claramente a través de la correspondencia con su marido, sus hijas y los testimonios de las personas que la conocieron, revelando así que Clotilde fue mucho más que la esposa del gran artista.
De apariencia sencilla y complexión frágil, fue una mujer con carácter y no menos voluntad. Aunque discreta y siempre manteniéndose en un segundo plano, desde su matrimonio con Sorolla hizo que el talento de su marido se proyectara, se considerara y se admirara más allá de nuestras fronteras. Fue ella quien administraba, no sólo la casa y la vida doméstica, sino también, la gestión de la producción artística de su marido. Se encargaba de la correspondencia, los envíos de obras nacionales e internacionales demostrando tener una gran capacidad de organización y competencia. De su educación poco se sabe, pero por su esmerada caligrafía y cuidada ortografía, así como su conocimiento del francés podemos concluir que recibió la instrucción adecuada a una mujer perteneciente al mundo de la burguesía. Fue una gran lectora, gustaba de estar informada de los asuntos de su tiempo. Sorolla la representa en muchas ocasiones leyendo libros o periódicos, en escenas cargadas de intimidad.

GARCÍA PERIS, Antonio (ca.1868)
GARCÍA PERIS, Antonio (ca.1874)
GARCÍA PERIS, Antonio (ca.1879)
GARCÍA PERIS, Antonio (ca.1886)
Debido a su carácter meticuloso se desempeñó más que bien en la intendencia de la casa y la economía familiar. Se encargaba de los trámites bancarios, el pago a proveedores, la contabilidad de los gastos e ingresos. Incluso su marido, que se consideraba asimismo un “manirroto y derrochón”, le informaba de sus “antojos” para que los anotara en sus libros de cuentas. Por supuesto, Clotilde también se encargaba de enviarle el dinero cuando era necesario, de ahí el apodo de “Ministra de Finanzas” que le otorgó.
Fue una mujer trabajadora, en alguna ocasión en que tuvo que interpretar el papel de esposa acomodada del gran pintor, manifestó su desesperación por la inactividad y la vida improductiva que había de llevar, como así le escribe en 1911 a su hija desde Chicago:
“¡Dichosa tú que estás tranquila y trabajas! En cambio, yo nada de provecho hago y me rindo de tantos tes, almuerzos, cenas y latas a todas horas”.


Carta de Sorolla a Clotilde. 11 de noviembre de 1914.
Me estoy quedando sin un céntimo, tengo ahora sólo cien pesetas, que volarán fácilmente pues los cocheros son muy hambrientos. Ruego al ministro de la Finanze no demore su venida y traiga fondos
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1884)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1890)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1900)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1904)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1910)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1910)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1900)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1900)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1910-1911)
SOROLLA BASTIDA, Joaquín (1888)
Su gran tesón y su trabajo fue reconocido y respetado por todos los que la conocieron. El mecenas y filántropo Archer Milton Huntington, lo refleja en su diario tras una visita que hizo a la casa del matrimonio en 1918:
“Mi pobre y querida Clotilde, ha tenido que soportar todo el peso de la familia y de convivir con un genio, y su menudo cuerpecillo ha librado casi tantas batallas como el de su eminente marido. Sin ella seguramente no habría llegado a donde ha llegado”.
Tras la muerte de su marido, no dudará en materializar la voluntad de éste, convertir su casa-taller en museo. El origen de esta idea se supone influenciado por los modelos de museos estadounidenses que el matrimonio pudo ver en sus viajes, el propio proyecto de la Hispanic Society de Huntington o la influencia progresista del krausismo, de acercar la cultura a la gente, recibida a través de los contactos y amistades que tenían con miembros de la ILE. La creación del museo, culminación de un proyecto de vida conjunto, no hubiera sido posible sin el carácter pragmático de Clotilde.
En 1925 Clotilde dictó testamento legando su casa y todo lo que contenía al Estado español. Una acción generosa, altruista y sin muchos precedentes en la España de aquel momento, aunque sí en el extranjero. Evitó de esta manera la dispersión de las obras y trascendió el olvido, creando un espacio para el estudio y la conservación de la obra de Sorolla, afianzando el lugar que le correspondía por pleno derecho en la Historia del Arte. Ese es el verdadero legado de Clotilde.
Aportación realizada por la Biblioteca del Museo Sorolla.

