Gracia Nasí: La Señora
En este Mes de la Mujer queremos recordar la figura de Gracia Nasí. Pese a haber sido una de las personas más influyentes de la Europa del s. XVI, hoy ha quedado casi totalmente olvidada. Cuando se la menciona suele ser en relación con su labor empresarial y filantrópica; aquí hablaremos también de su papel como mecenas de las artes y las letras.
Gracia Nasí nació en Lisboa en torno a 1510, pocos años después de la expulsión de los judíos de España. La familia había encontrado refugio en Portugal, pero en 1497 fueron obligados a convertirse al cristianismo y adoptaron el apellido Luna. Como muchos otros conversos, iniciaron una doble vida, con una doble identidad: así, Gracia Nasí fue su nombre judío, secreto; pero oficialmente fue bautizada con el nombre Beatriz de Luna.
Beatriz se casó con otro converso, Francisco Mendes. La familia Mendes controlaba un enorme imperio comercial y bancario, con sedes en los principales puertos europeos. Francisco falleció en 1535, dejando su negocio en manos de su hermano Diogo y de Beatriz. Menos de una década después murió Diogo, y Beatriz pasó a ser la única gestora de una de las mayores y más exitosas redes comerciales de Europa. En todo momento demostró gran habilidad para los negocios: llegó a convertirse en una de las personas más ricas de la época, y ejerció una enorme influencia sobre reyes, nobles y gobernantes de media Europa.
A pesar del estatus que le daba su fortuna, Beatriz y toda su familia sufrieron también la creciente presión contra los conversos. Vivió en diversas ciudades, buscando en cada momento los lugares donde los gobernantes les ofrecían una cierta protección: Amberes, Venecia, Ferrara, y finalmente Constantinopla. Durante décadas utilizó las rutas de sus buques comerciales para organizar la huida de España y Portugal de conversos perseguidos por la Inquisición, y su transporte hacia el Imperio Otomano, donde el sultán garantizaba su protección. Entre los sefardíes, descendientes de los judíos expulsados de la Península, se la llegó a conocer simplemente como La Señora.
Vamos a destacar la época que Beatriz pasó en Ferrara, entre 1548 y 1552. Pese a ser corta, tuvo una enorme importancia en lo referido a su labor como mecenas.
Ferrara se había convertido durante el Renacimiento en un destacado foco comercial, académico, artístico y cultural. Además, desde finales del siglo XV vivía allí una importante comunidad sefardí, fundada por los judíos huidos de España tras la expulsión, y el duque de Ferrara los seguía manteniendo bajo su protección. Atraída por estas circunstancias, Beatriz se trasladó en 1548. Pronto estableció contacto con políticos, nobles, artistas... y con la muy activa comunidad de impresores, muchos de ellos judíos conversos como ella.

Se desconoce si financió directamente la impresión de libros de autores sefardíes, o si los apoyó de otra forma; pero sí se sabe que dos de las obras más destacadas de la literatura sefardí se produjeron en Ferrara en estos años, y van dedicadas a Doña Gracia Nasí. Una de ellas, menos conocida, son las Consolação às Tribulações de Israel, del portugués Samuel Usque. Pero la más importante, con diferencia, es la Biblia de Ferrara: publicada en 1553, fue la primera obra de gran envergadura impresa completamente en judeoespañol, la lengua de los judíos expulsados. Un hito fundamental en la historia de la literatura y la imprenta sefardíes que se ha reeditado en multitud de ocasiones durante siglos.
Beatriz, ahora ya oficialmente Gracia Nasí, acabó marchándose también de Ferrara. Se estableció en Constantinopla, hoy Estambul, donde llevó a cabo una importante labor de beneficencia en favor de los sefardíes que llegaban al Imperio Otomano huyendo de la Inquisición. Financió la construcción de edificios para el uso de la comunidad sefardí: algunos de ellos siguen llevando su nombre, como la sinagoga Sinyiora de Esmirna.
Hacia el final de su vida se fue retirando de la vida pública. Su sobrino Josef Nasí, duque de Naxos, fue el continuador del legado familiar.
Gracia Nasí falleció en 1569. Aunque no nos han llegado imágenes suyas, varios artistas contemporáneos han interpretado su retrato. En 1931 el ilustrador Arthur Szyk imaginó a Gracia y Josef Nasí en un grabado para el libro The last days of Shylock. Más recientemente, el pintor malagueño Daniel Quintero la retrató en un óleo que hoy se exhibe en el Museo Sefardí de Toledo.
Aportación realizada por la Biblioteca del Museo Sefardí.



