La mirada indómita de Aurora Bertrana

La mirada indómita de Aurora Bertrana

 

La historia no solo se construye de grandes nombres, también se construye en los silencios, en esas vidas que el tiempo fue relegando al olvido. Lamentablemente, muchos de estos silencios están ocupados por mujeres ilustres que, en su tiempo, hicieron lo que no se esperaba de ellas: pensaron, crearon, desobedecieron y vivieron de formas que desbordaban las normas de su época. Aurora Bertrana es un ejemplo de ello: escritora, viajera, moderna, progresista, feminista e innovadora, una mujer demasiado libre para un régimen que promovía el ideal de mujer dócil y sumisa. Una mujer a la había que silenciar.

Nació en Girona en 1892 y, ya desde muy pequeñita, mostró un desinterés absoluto por las labores domésticas que se imponían a las mujeres y prefirió perderse entre los libros de la biblioteca de su tío Albert, donde descubrió mundos que despertaron en ella el deseo de viajar y conocer otras culturas. Y allí, inmersa en sus lecturas, se dio cuenta de que lo que verdaderamente quería era ser escritora.

Fotografía Aurora Bertrana. Wikimedia commons.

A los diez años escribió su primer cuento, pero su padre, el escritor Prudencio Bertrana, vio con recelo el deseo de escribir de su hija. Pensar y escribir estaban reservados a los hombres. La animaron a estudiar música y resultó que tenía talento. El violonchelo la ayudó a abrirse camino lejos de Gerona. A los dieciocho años, Aurora viajaba sola a Barcelona varias veces por semana para estudiar música. Algo que despertaba el recelo de sus vecinos. Que una chica joven viajara sola, sin la compañía de un hombre, resultaba difícil de aceptar en aquella sociedad tan mojigata.

Pero Barcelona también se le quedó pequeña. Ella quería vivir en otros países, ahorró y se trasladó a Suiza, donde siguió sus estudios de música. Eran los maravillosos años veinte, después de la devastadora Primera Guerra Mundial, la gente quería divertirse, reír, bailar, soñar… Y Aurora contribuyó a ello, fundando lo que sería la primera orquesta europea de jazz formada únicamente por mujeres.

 

Cubierta de la edición de 2017 publicada por la Editorial Rata.

En Suiza conoció al que sería su marido y con él se trasladó a Tahití, donde vivió tres años, de 1926 a 1929. Se dedicó a explorar las islas y sus experiencias se recogieron en el que sería su primer libro: Paradisos oceànics (1929). El público quedó fascinado con el exotismo de sus relatos y tuvo tanto éxito que la primera edición se agotó en quince días. Aurora escribía sobre la Polinesia con curiosidad, asombro y respeto; evitaba los prejuicios y cuestionaba la moral de la civilización occidental. Habló de la sexualidad libre, de mujeres que tenían una vida plena sin depender de los hombres, del colonialismo y del absurdo turismo occidental.

De vuelta a Europa, se comprometió con los ideales de la República y defendió los derechos de las mujeres. Viajó sola a Marruecos como reportera. Recorrió el país con su cámara de fotos a cuestas, libreta y bolígrafo en mano. Observaba y tomaba notas para documentar, más tarde, en su libro El Marroc sensual i fanàtic (1936) la vida cotidiana de las mujeres marroquíes —los espacios domésticos, los zocos, las ceremonias religiosas, la sexualidad…— desde una perspectiva única: la de una mujer europea que accede a ámbitos vedados a los hombres occidentales.

 

En 1938, en plena Guerra Civil, abandona «una Barcelona arruinada, hambrienta, bombardeada y sucia» y emigra a Suiza. Su marido se había unido al bando franquista y ella decidió no volver a depender de ningún hombre nunca más. En el exilio sufrió uno de los periodos más difíciles y penosos de su vida. Pasó hambre, frío y, durante un tiempo, vivió de la generosidad de otras personas. Todas estas experiencias, junto a las vividas durante la posguerra europea, le sirvieron de inspiración de algunas de sus novelas posteriores.

En 1948 regresó a Cataluña para vivir en una dictadura gris y plomiza. Aurora dejó de viajar, pasaron años sin ninguna aventura, transcurrió un tiempo gris y mortecino. Se refugió en la literatura y en sus últimos años escribió sus memorias: «Ahora mi patria sentimental son las hojas de papel donde, día tras día, escribo mis memorias». Murió en 1974, pero su espíritu aventurero y su voz libre siguen estando presentes en sus maravillosos libros. Hoy, sus textos continúan siendo relevantes para el estudio de la antropología cultural, del género y de la literatura de viajes.

Autora Bertrana fotografiada por Toni Vidal, entre 1971 y 1974. CRAI Biblioteca del Pavelló de la República. Universitat de Barcelona.

Aportación realizada por la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología.