María Ángela Astorch

María Ángela Astorch

A lo largo de la historia, el papel de la mujer ha sido, en muchos casos, silenciado, relegado a un segundo plano de los relatos oficiales o reducidos a estereotipos que no reflejan la complejidad de su experiencia. Sin embargo, incluso en contextos profundamente limitantes como el religioso, muchas mujeres encontraron formas de ejercer influencia, pensamiento y liderazgo.

Jerónima María Inés Eulalia Astorch, más conocida por María Ángela Astorch nombre que adoptó tras ingresar en clausura a la temprana edad de 11 años, fundó en Murcia el Convento perteneciente a las Clarisas Capuchinas de La Exaltación del Santísimo Sacramento. Su personalidad humanitaria y su espiritualidad traspasaron los muros de la clausura.

No tuvo una infancia fácil, aunque procedía de una barcelonesa familia acomodada, quedó huérfana siendo muy niña. Su padre Cristóbal Cortey, librero de profesión y su madre, Catalina Astorch, heredera universal de Pedro Miguel Astorch. Ambos murieron en un intervalo de cuatro años, quedando Jerónima al cuidado de su niñera, y posteriormente de un tutor que le permitió formarse.

Desde pequeña tuvo una fuerte inclinación por la lectura, tal vez inducida por el trabajo de su padre, y con especial predilección por los libros en latín. Su inclinación hacia la Ilustración, a inicios del siglo XVII era vista con cierto recelo y trajo a la niña algún que otro quebradero de cabeza a lo largo de su vida. Pero la joven niña no se doblegó y se mantuvo firme ante estos ataques. Será ella misma la que narra cómo ingresó en el monasterio con los seis tomos del Breviario y como le fueron retirados, llegando incluso a prohibirle servirse de textos bíblicos y litúrgicos en latín.

Vida, y Virtudes, favores del cielo, milagros, y prodigios de la V. Madre Sor Maria Angela Astorch, religiosa capuchina ... [9-C-2]. BVPB.

La temprana muerte de sus padres marcó sin duda el rumbo de su vida, pero un increíble suceso sería el que dio un cambio definitivo a la edad de siete años. “…se criaba nuestra María Ángela al cuidado de Apolonia, su ama, despuntando tanto en sus habilidades propias de sus años tiernos, y mucho más en tan inocencia, y devoción, que ya parecía Maestra. (…) El caso es que un día, sin advertir la niña el daño que la podía ocasionar se dejó llevar por el apetito, comiendo unas almendras verdes; y no pudiendo digerirlas, le sobrevino calentura ardiente; agravole la enfermedad, maliciore la fiebre y sin hacer efecto las medicinas que se la aplicaron la quito la vida antes de los siete años…”

Por causa de esta intoxicación dieron a la niña por muerta y prepararon su entierro. Dispusieron que fuera en el Convento de Comendadoras de Santiago en Barcelona. Atribuido a las profundas oraciones de la Madre Serafina, fundadora del convento, Jerónima volvió a la vida. El portentoso milagro le aportó madurez y confirmó su camino hacia la religiosidad, el cual no abandonaría hasta el final de sus días.

 

 

Ya superados los cincuenta años le fue encomendada la tarea de fundar el monasterio de las Clarisas Capuchinas en nuestra ciudad. El 9 de junio de 1645 saldría de Barcelona acompañada de otras cuatro religiosas hacia Murcia, para, “… fundar el convento de Murcia, en donde por veinte años, hasta su muerte feliz, hace admirables progresos, en virtudes y maravillas…)".  Fue inaugurando el 29 de junio de ese mismo año y partir de ese momento se implicó activamente en la vida de la ciudad siendo crucial su intervención en catástrofes como la epidemia de peste en 1648 y los desbordamientos del río Segura en 1651 y 1653.

Su progreso espiritual se ha conservado en los Relatos Autobiográficos y en las Cuentas de Espíritu. En ellos relata las experiencias místicas ocurridas entre los años 1626-1656. No dejó de escribir hasta que vio muy mermadas sus facultades.

[Relacion de el reconocimiento, executado por el ... Señor Obispo de Cartagena, ... del Cadaver de la V. Madre Sor Maria Angela Astorc, fundadora del Convento de Capuchinos de la ciudad de Murcia]. Archivo Digital de la Ciudad de Murcia.

Murió rodeada de sus hermanas el 2 de diciembre de 1665. La ciudad de Murcia se volcó en su entierro. A lo largo de los años, el cuerpo de Sor Ángela, venerada por algunos y cuestionada por otros, fue sometido a un insólito peregrinaje de exhumaciones. Desde 1668 que comenzó el proceso para su beatificación, hasta en diez ocasiones su cadáver fue examinado, trasladado y expuesto al escrutinio de médicos, religiosos y curiosos, como si incluso después de muerta se le negara el derecho al silencio. Finalmente, el 23 de mayo de 1982 Juan Pablo II la beatifica en la Plaza de San Pedro.

La figura de Sor Ángela Astorch nos recuerda la fuerza silenciosa de tantas mujeres que, como ella, iluminaron su tiempo desde la sabiduría, la fe y la perseverancia. Mujeres que, con valentía y humildad, transforman el mundo desde lugares a menudo invisibles.

Aportación realizada por el Archivo Municipal de Murcia.