Mujeres pioneras en el Ayuntamiento de Toledo

Mujeres pioneras en el Ayuntamiento de Toledo

 

María Mercedes Teresa Fernández Díaz nació en Toledo en 1935. Maestra de vocación, ejerció su profesión durante 36 años en Toledo como profesora de EGB Parvulista en San Antón, los Cuatro Tiempos y en Ángel Vivar. Su labor y compromiso como docente le llevó a seguir trabajando por la enseñanza como concejal en la primera Corporación Municipal de 1979 con el reto de dar servicio a los niños del baby boom. Tras muchas horas de esfuerzo y trabajo desinteresado, Maritere, como la conocían sus compañeros de Corporación, logró sacar adelante el Conservatorio de Música de la ciudad. Desde junio de 1979 hasta mayo de 1983, ejerció como primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Toledo.

 

 

 

María Isabel Buendía Cruz, nació en Valencia en 1938. Su vida transcurrió entre Tarancón y Cuenca, antes de que el destino la trajera en 1964 a Toledo. Su labor silenciosa visitando a los colectivos más vulnerables le permitió conocer de primera mano las necesidades de la ciudad. En 1979 se convirtió en la primera concejal de Servicios Sociales de la etapa democrática en el Ayuntamiento de Toledo.

 

 

Concepción Partearroyo Vallano, nació en Mascaraque en 1944. Tras cursar Bachiller en Toledo, se traslada a Madrid para estudiar Ayudante Técnico Sanitario y posteriormente a Málaga hasta 1927, para ejercer como ATS. A su regreso a Toledo se convierte en instructora en el Hospital Virgen de la Salud, y poco después en supervisora de planta en maternidad. Su vocación la llevó a convertirse en la primera teniente de alcalde de la Corporación.

Concepción sacó adelante servicios que entonces no existían en el Ayuntamiento, como la asistencia social, sentando las bases de una atención pública orientada a las personas más vulnerables. Estos primeros servicios sociales marcaron un antes y un después en la forma de entender el papel del Ayuntamiento como garante del bienestar de la ciudadanía.

Juan Ignacio de Mesa, un alcalde para Toledo [Programa electoral de la UCD para las elecciones municipales de Toledo de 1979]. Archivo Municipal de Toledo.
Las corporaciones municipales de Toledo: 19 de abril de 1979 – 23 de mayo de 1983

Aportación realizada por el Archivo Municipal de Toledo.

María de la O Lejárraga: talento, identidad y reivindicación

María de la O Lejárraga: talento, identidad y reivindicación

“(…) estoy seguro de que han oído ustedes hablar de feminismo…, aunque sea para burlarse de él. Habrán ustedes oído decir a sus maridos que hay por ese “extranjero” de Dios o del diablo mujeres que quieren votar y hasta vender el voto como un hombre cualquiera; otras, que intentan ser alcaldes y aun comerse los fondos del concejo, o de la diputación, o del ministerio, que de todo hay en la viña del Señor”.

Cartas a las mujeres de España (cop. 1930.) - Martínez Sierra, Gregorio, 1881-1947. Biblioteca de La Rioja.

 

 

Ironía para describir lo que en aquel 1914, fecha en la que por primera vez se publicó la obra Carta a las mujeres de España, los hombres entendían por feminismo.

Algunos años más tarde, ese mismo autor, Gregorio Martínez Sierra abría su conferencia pronunciada en el Teatro Eslava de Madrid y que se incluyó en la obra Feminismo y feminidad con las siguientes palabras: “¡No se alarmen ustedes, señoras mías! Precisamente hace tiempo que tenía yo deseo de pronunciar en público, delante de ustedes, la temerosa palabra: feminismo y de darles a ustedes sobre ella unas ligerísimas explicaciones que disipasen de una vez para siempre a ser posible, el temor que ese vocablo-fantasma despierta en tantos corazones bienintencionados, en tantas timoratas conciencias” .

 

"El feminismo quiere sencillamente que las mujeres alcancen la plenitud de su vida, es decir, que tengan los mismos derechos y los mismos deberes que los hombres, que gobiernen el mundo a medias con ellos, ya que a medias le pueblan, y que en perfecta colaboración procuren su felicidad propia y mutua y el perfeccionamiento de la especie humana” añade poco después.

Hoy sabemos, sin lugar a dudas, que tras la figura de este autor que defendía y propagaba el feminismo se escondía la voz de una mujer comprometida y feminista. Trasgresora por antonomasia: María de la O Lejárraga.

Nacida en 1874 en el pequeño municipio riojano de San Millán de la Cogolla, con apenas cuatro años tuvo que trasladarse junto a su familia a Carabanchel, lugar en el que su padre, médico de profesión, comenzó a trabajar en los diferentes núcleos urbanos que se levantaban junto a las carreteras de Madrid, Toledo y Extremadura.

Feminismo, feminidad (cop. 1910.) - Martínez Sierra, Gregorio, 1881-1947. Biblioteca de La Rioja.

 

Estudió Magisterio en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, sin embargo, solo ejerció su profesión unos pocos años. En 1900 se casaba con Gregorio Martínez Sierra, lo que supone el inicio de una colaboración que se mantuvo inalterable a lo largo de los años, incluso una vez que el matrimonio se había roto. Si bien es cierto que este hecho le supuso a María permanecer en el anonimato, tampoco se puede negar que también fue precisamente esta circunstancia la que le permitió poder desarrollar su labor de escritura, algo que, en una sociedad altamente machista y que no veía con buenos ojos que una mujer fuera escritora y además defendiera abiertamente los derechos de las mujeres, le hubiera resultado altamente difícil poder llevar a cabo.

Aunque a la sombra de su esposo, Lejárraga pudo participar activamente en la vida literaria, cultural y política española, así como tratar temas de actualidad y denunciar la situación de las mujeres en la sociedad española del momento.

Prolífica autora, sus escritos intentan por todos los medios convencer a sus contemporáneas de que debían mejorar su nivel educativo, ser independientes consiguiendo un trabajo remunerado y la participación en la vida pública y política, luchando para evitar las discriminaciones que sufrían.

Una vez acabada la Guerra civil inició un largo exilio y nunca más volvería a España. En este periodo estuvo en Francia, México y Argentina, donde finalmente falleció en 1974.

 

Aportación realizada por la Biblioteca de La Rioja.

Pilar Bellosillo: una mujer que abrió caminos en la Iglesia

Pilar Bellosillo: una mujer que abrió caminos en la Iglesia

Cuando se habla de la presencia de las mujeres en la Iglesia del siglo XX, el nombre de Pilar Bellosillo aparece como una figura discreta pero decisiva. No fue una mujer de titulares ni buscó protagonismo, pero su trabajo silencioso ayudó a cambiar la forma en que muchas mujeres podían participar en la vida eclesial. Su historia es la de alguien que supo trabajar desde dentro, con paciencia y convicción, para abrir espacios que antes parecían reservados a los hombres.Nacida en Madrid en 1913, Pilar Bellosillo se formó como maestra en un momento en el que el acceso de las mujeres a la educación y a la vida pública todavía encontraba muchas limitaciones. Desde joven combinó su fe cristiana con un fuerte sentido social, convencida de que la Iglesia debía estar presente en las realidades cotidianas y no vivir alejada del mundo. Esa idea marcó toda su trayectoria.

Su compromiso se desarrolló principalmente en la Acción Católica, movimiento que tuvo un papel importante en la formación del laicado durante el siglo pasado. Allí comenzó a impulsar una visión renovada del papel femenino, insistiendo en que las mujeres no debían limitarse a tareas secundarias, sino participar activamente en la reflexión y en la responsabilidad compartida dentro de la comunidad cristiana. Para ella, la formación era clave: mujeres preparadas podían aportar nuevas perspectivas y enriquecer la vida de la Iglesia.

Con el tiempo, su trabajo trascendió el ámbito nacional y pasó a colaborar con organizaciones internacionales de mujeres católicas. Llegó a presidir la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, lo que le permitió viajar por todo el mundo y entrar en contacto con realidades muy distintas y comprender los desafíos comunes a las que se enfrentaban las mujeres creyentes en diferentes países. Esa experiencia internacional amplió su mirada y reforzó su idea de una Iglesia más dialogante y abierta.

Imagen de Pilar Belosillo. Biblioteca Digital de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Uno de los momentos más significativos de su vida llegó con el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965. Este encuentro supuso un gran impulso de renovación dentro de la Iglesia y, por primera vez, algunas mujeres fueron invitadas a participar como auditoras. Pilar Bellosillo fue la única mujer española laica en ese grupo. Aunque no podían votar, su presencia ya representaba un cambio importante: las mujeres empezaban a ser escuchadas en un espacio hasta entonces exclusivamente masculino.

Su aportación en el Concilio no fue estridente ni polémica. Más bien consistió en introducir preguntas nuevas y en recordar la necesidad de hablar de toda la comunidad cristiana, no solo de una parte. Defendió una visión del laicado en la que hombres y mujeres compartieran responsabilidad y misión. Aquella insistencia contribuyó, poco a poco, a cambiar el lenguaje y la sensibilidad de algunos documentos conciliares, haciendo visible que la experiencia femenina también formaba parte de la vida de la sociedad.

Participó en proyectos internacionales de solidaridad y ayudó a impulsar la Campaña contra el Hambre en el mundo, convencida de que la fe debía traducirse en acciones concretas. Su compromiso social y su mirada universal mostraban una Iglesia preocupada por la dignidad humana y por la justicia.

Quizá lo más interesante de Pilar Bellosillo sea precisamente su manera de ejercer liderazgo. No buscó enfrentamientos ni quiso romper con la institución, pero tampoco aceptó que el papel de la mujer quedara limitado por costumbre o tradición. Apostó por el diálogo, la formación y la presencia constante, demostrando que los cambios profundos muchas veces se producen desde la perseverancia y la colaboración.

Hoy, al recordarla en el Mes de la Mujer, su figura invita a mirar atrás y reconocer a tantas mujeres que trabajaron sin hacer ruido, pero cuya influencia fue decisiva. Pilar Bellosillo contribuyó a ensanchar el lugar de las mujeres en la Iglesia y a abrir una puerta por la que después pasarían muchas otras.

Su historia recuerda que el cambio no siempre llega de manera brusca. A veces nace del trabajo diario, de la inteligencia compartida y de la convicción tranquila de que todas las voces cuentan.

 

Aportación realizada por la Biblioteca de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Mirian de las Mercedes Cortés Diéguez: abrir camino donde antes no lo había

Mirian de las Mercedes Cortés Diéguez: abrir camino donde antes no lo había

 

Durante siglos, la universidad fue un espacio pensado, gobernado y narrado casi exclusivamente por hombres. Las aulas podían llenarse de voces diversas, pero los lugares de decisión permanecían cerrados para las mujeres, especialmente en instituciones de larga tradición histórica y fuerte arraigo simbólico. En ese contexto, la figura de Mirian Cortés adquiere un valor que trasciende lo individual: su nombramiento como primera mujer rectora de la Universidad Pontificia de Salamanca marca un antes y un después en una historia que parecía inamovible.

Fotografía Mirian Cortés. Biblioteca Digital de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Nombramiento rectora Myrian de las Mercedes Cortés Diéguez. Biblioteca Digital de la Universidad Pontificia de Salamanca.

 

Su trayectoria profesional no puede entenderse únicamente como una sucesión de cargos o méritos académicos. Es, sobre todo, el reflejo de un camino construido con rigor intelectual, compromiso institucional y una profunda convicción en el valor transformador del conocimiento. En un ámbito donde la autoridad académica estuvo tradicionalmente asociada a una imagen masculina, Mirian supo abrirse paso desde la excelencia, demostrando que el liderazgo universitario no depende del género, sino de la preparación, la visión y la capacidad de servicio

Alcanzar el rectorado de la Universidad Pontificia de Salamanca supone asumir la dirección de una institución con años de historia, estructuras consolidadas y una identidad profundamente enraizada en la tradición. Que una mujer accediera por primera vez a ese cargo no fue un gesto simbólico aislado, sino el resultado de un proceso largo y complejo en el que confluyeron cambios sociales, apertura institucional y, de manera decisiva, una trayectoria personal incuestionable. Siglos antes, una figura como la suya habría sido sencillamente impensable; hoy, su presencia redefine lo que entendemos por normalidad académica.

 

Su rectorado no solo representó una conquista personal, sino también un mensaje poderoso para generaciones futuras. Para las jóvenes investigadoras, profesoras y estudiantes, su figura demuestra que los techos de cristal, incluso en los entornos más tradicionales, pueden romperse. Para la propia institución, su liderazgo supuso una actualización del relato histórico, integrando voces y miradas que durante demasiado tiempo quedaron fuera de los espacios de poder.

Nombramiento Rectora Mirian de las Mercedes Cortés Dieguez. Biblioteca Digital de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Fotografía Mirian Cortés. Biblioteca Digital de la Universidad Pontificia de Salamanca.

 

Además, su papel como rectora puso de relieve una forma de liderazgo basada en el diálogo, la responsabilidad y la apertura, valores especialmente necesarios en la universidad contemporánea. En un mundo académico en constante transformación, donde conviven tradición e innovación, su figura simbolizó la posibilidad de avanzar sin renunciar a la identidad.

Celebrar a Mirian de las Mercedes Cortés en el Mes de la Mujer es reconocer no solo a una pionera, sino a todas aquellas mujeres que, desde el silencio o la constancia diaria, han ido ensanchando los márgenes de lo posible. Su historia nos recuerda que cada paso dado en igualdad no es un punto final, sino un camino que se abre para quienes vienen detrás. En la memoria de la universidad, su nombre quedará ligado para siempre a la idea de apertura, progreso y justicia histórica.

 

Aportación realizada por la Biblioteca de la Universidad Pontificia de Salamanca

María de Quiñones, la primera mujer en Madrid que firmó como impresora

María de Quiñones, la primera mujer en Madrid que firmó como impresora

En la historia de la imprenta española, las mujeres han tenido presencia durante siglos y, sin embargo, frecuentemente han sido invisibilizadas. Desde el siglo XV participaron en la expansión del arte tipográfico, aunque casi siempre desde posiciones limitadas por las normas que las relegaban al papel de viudas que heredaban talleres familiares. En ese escenario de desigualdad, María de Quiñones emerge como una figura extraordinaria. Su trayectoria encarna la capacidad de las mujeres para afirmarse y empoderarse en un mundo que les negaba visibilidad, recordándonos que la historia del libro también es, y ha sido siempre, una historia de mujeres que resistieron, crearon y transformaron.

 

Plano de la villa de Madrid dibujado por Pedro Teixeira Albernaz en 1656. Wikimedia commons.

 

Poco se sabe sobre los orígenes de María, aunque consta que se incorporó al mundo de la imprenta tras contraer matrimonio con Pedro Madrigal, hijo. Su suegro, el salmantino Pedro de Madrigal, se había establecido en Madrid en 1588, donde abrió su taller aprovechando la creciente demanda generada por la presencia de la corte de Felipe II. Con el tiempo, llegó a distinguirse como uno de los principales impresores madrileños del siglo XVI.

 

Tras la muerte de Madrigal hijo en 1602, María contrajo segundas nupcias, en 1604, con Juan de la Cuesta, célebre por haber impreso la primera edición del Quijote de Cervantes en 1605. Cuesta abandonó el taller en 1607 para trasladarse a Sevilla. No obstante, su nombre continuó apareciendo en los pies de imprenta, ya que había recibido poderes de María Rodríguez Rivalde en 1602.

Entre 1608 y 1627, María de Quiñones participó activamente en el taller de imprenta familiar y, a partir de 1633, tras el fallecimiento de su suegra, María Rodríguez Rivalde, asumió plenamente su gestión. Desde entonces, todas las obras salidas del taller llevaron de forma visible el nombre de “María de Quiñones”, emblema de su independencia profesional y testimonio de ser la primera mujer en Madrid que firmó como impresora. Durante treinta y tres años sostuvo una producción de notable calidad técnica, reconocible por la escasez de erratas y por su colaboración con destacados editores del momento. Su prensa imprimió tanto literatura de entretenimiento como textos políticos, reales cédulas, sermones, así como obras litúrgicas y teológicas. En 1666 traspasó el negocio a Melchor Alegre y Catalina Gómez, y falleció tres años después, en 1669.

 

 

 

 

Portada de la primera edición de la primera parte de El Ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, libro de Miguel de Cervantes, publicado en Madrid, en 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Wikimedia commons
Sello de la Compañía de Jesús (Iglesia del Gesú, Roma). Wikimedia commons.

 

La Compañía de Jesús, durante décadas, depositó su confianza en la imprenta Madrigal–De la Cuesta–Quiñones, manteniendo la colaboración con María, en un ámbito marcado por prejuicios de género. Este respaldo jesuítico no solo reconocía la excelencia técnica y la solvencia de su taller, sino que representaba un gesto de legitimación excepcional: una orden influyente que trataba a una mujer impresora como igual entre sus colegas varones. A través de esa confianza, la Compañía contribuyó, de hecho, a quebrar resistencias y a afirmar la plena autoridad profesional de María en un mundo que raramente concedía a las mujeres el derecho de mando y autoría.

 

 

 

El ejemplar seleccionado, Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja... (Madrid, María de Quiñones, 1644), obra del jesuita Juan Eusebio Nieremberg (1595‑1658), relata la vida del tercer general de la Compañía de Jesús, San Francisco de Borja (1510‑1572). Esta biografía hagiográfica se inscribe en la literatura jesuítica de exaltación de sus santos y beatos, destinada a ofrecer modelos de virtud y espiritualidad. En la fecha de impresión, 1644, Borja aún no había sido canonizado -su santificación llegaría en 1671-, razón por la cual figura como «Beato» en el título.

 

 

 

 

Detalle de la portada de Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja... (Madrid, María de Quiñones, 1644).
Detalle de viñetas xilográficas en páginas de Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja... (Madrid, María de Quiñones, 1644).

 

 

La edición de Quiñones exhibe los rasgos de las grandes publicaciones barrocas: formato folio-símbolo de prestigio para instituciones y lectores cultos-, texto a dos columnas con apostillas marginales para consulta ágil, grabados xilográficos en portada, iniciales ornamentadas y cabeceras decorativas.

 

 

 

Destaca en la obra el grabado de frontispicio calcográfico dedicado a Francisco de Borja: una figura de tres cuartos, revestida con el hábito jesuita, de expresión serena y recogida, acompañada de inscripciones, emblemas heráldicos y una leyenda identificativa que evocan tanto su linaje ducal como su gobierno al frente de la Compañía. El tratamiento del rostro logra un equilibrio entre la verosimilitud histórica y la idealización espiritual, actuando como pórtico visual de la hagiografía al anticipar en imagen las virtudes que Nieremberg desarrolla en el texto. La calidad técnica de la estampa contribuye a reforzar la proyección pública de Borja y respalda, de forma indirecta, su proceso de beatificación y posterior canonización.

Detalle del grabado de frontispicio calcográfico de Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja... (Madrid, María de Quiñones, 1644).
Detalle del lomo de Vida del Santo Padre y gran siervo de Dios el B. Francisco de Borja... (Madrid, María de Quiñones, 1644).

El ejemplar, con signatura AM/157, conserva exlibris manuscritos de la Ropería del Colegio de la Compañía de Jesús de Madrid, el exlibris de la condesa de Bornos, un sello del Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo de Madrid y encuadernación en holandesa.
Procede de la Biblioteca Complutense de la Compañía de Jesús de la provincia de Toledo, en Alcalá de Henares, desde donde fue trasladado a la Biblioteca de la Universidad Pontificia Comillas.

 

Aportación realizada por la Biblioteca la Universidad Pontificia Comillas.

 

Bibliografía:

8 Mulleres galegas que moveron os marcos

8 Mulleres galegas que moveron os marcos

¿Qué pueden tener en común una gaitera, una aviadora, una actriz, una matemática, una periodista y tres maestras, nacidas o activas en Galicia en el período que comprende los últimos años del siglos XIX y el siglo XX, más allá de la coincidencia geográfica y cronológica?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en la guía virtual que hoy queda como testimonio de una exposición organizada por la Biblioteca Universitaria de Santiago de Compostela en marzo de 2025. Inspirada en otra muestra -iniciativa de la asociación ANABAD- dedicada a obras de ocho mujeres que transformaron el mundo con palabras y que circuló por varias bibliotecas del Estado, entre ellas las de varios centros de nuestra Biblioteca Universitaria, desde esta última decidimos tomar el relevo proponiendo una exposición dedicada a ocho mujeres gallegas. La enfocamos en ocho pioneras en diversos campos de actividad y la materializamos, como la que nos sirvió de modelo, en ocho paneles dedicados a cada una de sus figuras, que complementamos con una muestra documental.

La selección de mujeres se hizo atendiendo a la cobertura de un amplio campo de actividades, destacando en particular la iniciativa de aquellas que se internaron en terrenos hasta entonces reservados mayoritaria -o exclusivamente- a los hombres. Así se explica el amplio espectro vital al que aludimos en la pregunta con la que iniciamos este texto, y debemos llamar la atención sobre el hecho, no casual, de que sean maestras tituladas tres de las figuras del grupo, escogidas no por esta circunstancia sino porque las sendas que transitaron las llevaron más allá de ese espacio profesional ya permitido a las mujeres de su tiempo.
El recorrido por la exposición virtual permite acercarse más en detalle a la personalidad de estas pioneras. En las vitrinas se exhibió un botón de muestra documental de la intensa actividad de algunas de ellas; de otras apenas se pudieron reunir unas pocas imágenes y alguna breve noticia en un periódico, de tal manera que el espacio reservado a estas últimas actuó como testimonio del olvido al que fueron relegadas.

La guía virtual permitió ampliar la información sobre estas pioneras y, en el caso de aquellas en que fue posible, dar cuenta de una antología de su producción bibliográfica o de la literatura que sus figuras generaron, incluyendo recursos de interés para quien eventualmente desee ampliar el conocimiento sobre ellas. Esperamos transmitir la satisfactoria experiencia que supuso para nosotros la exposición dedicada a estas mujeres -algunas de ellas olvidadas, otras víctimas injustas de su valentía vital y profesional- que nos brindó la oportunidad de contribuir a su visibilidad a través de un recurso accesible de manera permanente.

He aquí las protagonistas de nuestra muestra:

 

María Barbeito (A Coruña 1880-1970).

Maestra de primaria, acercó precozmente a nuestro país las más modernas teorías pedagógicas que se estaban gestando en Europa.
Como inspectora de educación, en la época de la República, impulsó medidas de renovación pedagógica.

 

Concepción Pérez Iglesias (Santiago de Compostela 1881 -Lantaño, Pontevedra, 1939).

Maestra de profesión, fue la primera alcaldesa de Galicia y una de las primeras de España. Como gestora de su ayuntamiento centró su labor en las obras públicas y la mejora de los servicios escolares y sanitarios de su ayuntamiento.

 

Elisa Patiño (Pontevedra 1890-1919).

Mujer cultivada, de vasta formación artística y practicante de diversos deportes, fue la primera aviadora gallega y una de las primeras en Europa.
Falleció prematuramente a causa de la gripe española.

 

Ángela Ruiz Robles (Villamanín, León, 1895-Ferrol 1975).

Maestra establecida en Ferrol, se preocupó por la innovación educativa y el uso de materiales educativos avanzados, llegando a inventar un dispositivo precursor del libro electrónico, la llamada Enciclopedia mecánica.

 

Áurea Rodríguez Rodríguez (Cartelle, Ourense, 1897-América, 19??).

Es la primera gaitera de la que tenemos noticia.
Huérfana desde muy joven, sacó a sus hermanos menores adelante formando con ellos un grupo musical que alcanzó fama en los años 20, en Galicia primero y en América después. No se tienen noticias de sus últimos años de vida.

 

María Luz Morales (A Coruña, 1898-Barcelona, 1890).

Periodista, novelista y traductora, desarrolló su vida profesional en Cataluña. Trabajó en varios medios, entre ellos La Vanguardia, diario que llegó a dirigir durante la Guerra Civi, lo que la convierte en la primera mujer directora de un periódico en España.

 

Maruxa Villanueva (Carballedo, Lugo, 1906 -Santiago de Compostela 1998).

Cantante y actriz. Emigró siendo muy joven a Argentina, donde colaboró en las actividades culturales de los emigrantes gallegos. Ejerció también como empresaria teatral. De regreso a Galicia, dedicó sus últimos años a la Casa Museo Rosalía de Castro.

 

 

María Josefa Wonenburger Planells (Oleiros, 1927-A Coruña, 2014).

Destacada investigadora matemática especializada en Álgebra, fue la primera española en obtener una beca Fulbright. Impartió docencia en universidades de Canadá y Estados Unidos.

Aportación realizada por Minerva, Repositorio Institucional de la Universidade de Santiago de Compostela.

Amalia Núñez Dubús, pionera del esperantismo español

Amalia Núñez Dubús, pionera del esperantismo español

Amalia Núñez Dubús fue una pionera destacada dentro del esperantismo español. Nació el 22 de marzo de 1889 en Pamplona. Trabajó como telegrafista mientras estudiaba magisterio. Su brillantez académica fue reconocida en diversas ocasiones. En 1926 ingresa en la Escuela Normal de Maestras como profesora adjunta.

Se sabe de su talante progresista por su colaboración, en calidad de corresponsal local, con el periodismo feminista de la época, en concreto con La Voz de la Mujer, revista mensual dedicada a la defensa de la mujer española, surgida en 1917.

La Voz de la Mujer: revista mensual dedicada a la defensa de la mujer española de agosto de 1917, nº 4. Memoriademadrid.

Con respecto a su actividad esperantista, Amalia se incorporó en 1911 a las clases organizadas por el Grupo Esperantista de Pamplona y posteriormente pasó a formar parte de su junta directiva junto con otras tres mujeres: María Ana Sanz, Castora Salazar y María Camino Ramos. Teniendo en cuenta la postergación que en la época sufría la mujer con respecto la vida pública, el hecho de que participaran en la asociación con los mismos derechos y obligaciones que los hombres marcaba un avance social e intelectual equiparable a la promoción del esperanto por los sectores más avanzados de la sociedad.

Además de llevar a cabo las tareas organizativas de la asociación, Amalia formaba parte del comité local que representaba a Navarra en la organización estatal. Una de sus propuestas más destacadas, desarrollada en la memoria que presentó para su debate en el IX Congreso de la Asociación Española de Esperanto, celebrado en 1932, fue la enseñanza del esperanto a los estudiantes de magisterio. Basa su argumentación en las dificultades que el profesorado de las áreas rurales tiene para aprender esperanto y en la idoneidad de que la enseñanza del idioma se lleve a cabo desde la escuela. En su propuesta reclama que tanto el aprendizaje del esperanto como el de una metodología para su enseñanza en la educación primaria estén incluidos en los planes de estudio de las escuelas normales. Y para ello considera conveniente “una declaración oficial expresa de la República Española” y sugiere la formación de un Consejo de Educación Popular.

La suno hispana, [1906], n. 027, jaro III. Bitoteko.

Su amplio dominio de la lengua le permitió desarrollar una faceta literaria que marca gran parte de su personalidad como esperantista desde muy temprano. La revista La Suno Hispana (El Sol Español) publica sus traducciones de poesía española a partir de 1914. Desde los orígenes del esperanto, se ha impulsado la traducción a esta lengua de los autores clásicos de las lenguas nacionales con el fin de poner a disposición de los esperantistas de todo el mundo obras escritas en un idioma diferente al propio. La labor realizada en este sentido por Núñez Dubús fue destacada. Tradujo, entre otros, a Lope de Vega, Francisco Villaespesa y Mariano José de Larra.

A partir de 1924 publica poemas originales en esperanto, con muy buena aceptación tanto a nivel nacional como internacional y gana varios concursos literarios. La prestigiosa revista Literatura Mondo (Mundo literario) editada en Budapest publica habitualmente sus escritos. Y Kálmán Kalocsay, redactor de la revista y una autoridad en el ámbito literario, considerado hoy un clásico del esperanto, seleccionó sus poemas para una antología editada en 1934 bajo el título de Dekdu Poetoj (Doce poetas).

Literatura mondo, 1935, n. 06, 5ª jaro, 2ª periodo. Bitoteko.

Según Kalocsay “algunos [de sus] poemas, con su desesperada melancolía o sus encantadoras ensoñaciones amorosas, revelan a la poeta. Pero en el resto nos sorprende su profundidad filosófica, un sombrío fondo de meditación cósmica, un estado de ánimo severamente contenido. La elaboración de los temas elevados sugiere un arte sumamente serio”. Según otros críticos, algunas de sus composiciones aluden a temas que hoy en día todavía tienen plena vigencia.

Sus poemas originales se tradujeron a otros idiomas, como Soleco (Soledad) o Kvazaŭ formikoj (Como hormigas), que aparecieron publicados en holandés en la revista Flandra Esperantisto (El esperantista flamenco).

Participó también en Esperanta antologio (Antología de Esperanto), obra compilada por el poeta escocés William Auld, que se publicó en 1958.

En 1966, coincidiendo con la celebración en Bilbao del XXVII Congreso Español de Esperanto, se publicó una obrita titulada Eterneco (Eternidad) en la que relata en verso una antigua leyenda navarra protagonizada por el abad Virila en el siglo X.

Flandra esperantisto, 1949, n. [179] 05. Bitoteko.
Eterneco : (Navarra legendo)/ A. Núñez Dubús. Bitoteko.

Durante los años siguientes, y a pesar de su avanzada edad, siguió colaborando con distintas publicaciones.

Amalia Núñez Dubús falleció en Pamplona el 30 de agosto de 1977 tras una larga vida de compromiso con el esperanto y los ideales de paz y entendimiento que éste representa.

No queda mucho material gráfico relacionado con su persona y debido a su vida discreta y solitaria tampoco había mucha información sobre ella, por eso es de agradecer la labor de Ricardo Gurbindo Gil que en su artículo La iniciativa esperantista navarra, publicado en el número 269 de la revista Príncipe de Viana, la rescata para la historia. Esta semblanza está basada en sus aportaciones.

La iniciativa esperantista navarra: separata/ Ricardo Gurbindo Gil. Bitoteko.
Aportación realizada por la Biblioteca Juan Régulo Pérez- Bitoteko.
Publicaciones mencionadas disponibles en Bitoteko:

La mirada indómita de Aurora Bertrana

La mirada indómita de Aurora Bertrana

 

La historia no solo se construye de grandes nombres, también se construye en los silencios, en esas vidas que el tiempo fue relegando al olvido. Lamentablemente, muchos de estos silencios están ocupados por mujeres ilustres que, en su tiempo, hicieron lo que no se esperaba de ellas: pensaron, crearon, desobedecieron y vivieron de formas que desbordaban las normas de su época. Aurora Bertrana es un ejemplo de ello: escritora, viajera, moderna, progresista, feminista e innovadora, una mujer demasiado libre para un régimen que promovía el ideal de mujer dócil y sumisa. Una mujer a la había que silenciar.

Nació en Girona en 1892 y, ya desde muy pequeñita, mostró un desinterés absoluto por las labores domésticas que se imponían a las mujeres y prefirió perderse entre los libros de la biblioteca de su tío Albert, donde descubrió mundos que despertaron en ella el deseo de viajar y conocer otras culturas. Y allí, inmersa en sus lecturas, se dio cuenta de que lo que verdaderamente quería era ser escritora.

Fotografía Aurora Bertrana. Wikimedia commons.

A los diez años escribió su primer cuento, pero su padre, el escritor Prudencio Bertrana, vio con recelo el deseo de escribir de su hija. Pensar y escribir estaban reservados a los hombres. La animaron a estudiar música y resultó que tenía talento. El violonchelo la ayudó a abrirse camino lejos de Gerona. A los dieciocho años, Aurora viajaba sola a Barcelona varias veces por semana para estudiar música. Algo que despertaba el recelo de sus vecinos. Que una chica joven viajara sola, sin la compañía de un hombre, resultaba difícil de aceptar en aquella sociedad tan mojigata.

Pero Barcelona también se le quedó pequeña. Ella quería vivir en otros países, ahorró y se trasladó a Suiza, donde siguió sus estudios de música. Eran los maravillosos años veinte, después de la devastadora Primera Guerra Mundial, la gente quería divertirse, reír, bailar, soñar… Y Aurora contribuyó a ello, fundando lo que sería la primera orquesta europea de jazz formada únicamente por mujeres.

 

Cubierta de la edición de 2017 publicada por la Editorial Rata.

En Suiza conoció al que sería su marido y con él se trasladó a Tahití, donde vivió tres años, de 1926 a 1929. Se dedicó a explorar las islas y sus experiencias se recogieron en el que sería su primer libro: Paradisos oceànics (1929). El público quedó fascinado con el exotismo de sus relatos y tuvo tanto éxito que la primera edición se agotó en quince días. Aurora escribía sobre la Polinesia con curiosidad, asombro y respeto; evitaba los prejuicios y cuestionaba la moral de la civilización occidental. Habló de la sexualidad libre, de mujeres que tenían una vida plena sin depender de los hombres, del colonialismo y del absurdo turismo occidental.

De vuelta a Europa, se comprometió con los ideales de la República y defendió los derechos de las mujeres. Viajó sola a Marruecos como reportera. Recorrió el país con su cámara de fotos a cuestas, libreta y bolígrafo en mano. Observaba y tomaba notas para documentar, más tarde, en su libro El Marroc sensual i fanàtic (1936) la vida cotidiana de las mujeres marroquíes —los espacios domésticos, los zocos, las ceremonias religiosas, la sexualidad…— desde una perspectiva única: la de una mujer europea que accede a ámbitos vedados a los hombres occidentales.

 

En 1938, en plena Guerra Civil, abandona «una Barcelona arruinada, hambrienta, bombardeada y sucia» y emigra a Suiza. Su marido se había unido al bando franquista y ella decidió no volver a depender de ningún hombre nunca más. En el exilio sufrió uno de los periodos más difíciles y penosos de su vida. Pasó hambre, frío y, durante un tiempo, vivió de la generosidad de otras personas. Todas estas experiencias, junto a las vividas durante la posguerra europea, le sirvieron de inspiración de algunas de sus novelas posteriores.

En 1948 regresó a Cataluña para vivir en una dictadura gris y plomiza. Aurora dejó de viajar, pasaron años sin ninguna aventura, transcurrió un tiempo gris y mortecino. Se refugió en la literatura y en sus últimos años escribió sus memorias: «Ahora mi patria sentimental son las hojas de papel donde, día tras día, escribo mis memorias». Murió en 1974, pero su espíritu aventurero y su voz libre siguen estando presentes en sus maravillosos libros. Hoy, sus textos continúan siendo relevantes para el estudio de la antropología cultural, del género y de la literatura de viajes.

Autora Bertrana fotografiada por Toni Vidal, entre 1971 y 1974. CRAI Biblioteca del Pavelló de la República. Universitat de Barcelona.

Aportación realizada por la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología.

María Ángela Astorch

María Ángela Astorch

A lo largo de la historia, el papel de la mujer ha sido, en muchos casos, silenciado, relegado a un segundo plano de los relatos oficiales o reducidos a estereotipos que no reflejan la complejidad de su experiencia. Sin embargo, incluso en contextos profundamente limitantes como el religioso, muchas mujeres encontraron formas de ejercer influencia, pensamiento y liderazgo.

Jerónima María Inés Eulalia Astorch, más conocida por María Ángela Astorch nombre que adoptó tras ingresar en clausura a la temprana edad de 11 años, fundó en Murcia el Convento perteneciente a las Clarisas Capuchinas de La Exaltación del Santísimo Sacramento. Su personalidad humanitaria y su espiritualidad traspasaron los muros de la clausura.

No tuvo una infancia fácil, aunque procedía de una barcelonesa familia acomodada, quedó huérfana siendo muy niña. Su padre Cristóbal Cortey, librero de profesión y su madre, Catalina Astorch, heredera universal de Pedro Miguel Astorch. Ambos murieron en un intervalo de cuatro años, quedando Jerónima al cuidado de su niñera, y posteriormente de un tutor que le permitió formarse.

Desde pequeña tuvo una fuerte inclinación por la lectura, tal vez inducida por el trabajo de su padre, y con especial predilección por los libros en latín. Su inclinación hacia la Ilustración, a inicios del siglo XVII era vista con cierto recelo y trajo a la niña algún que otro quebradero de cabeza a lo largo de su vida. Pero la joven niña no se doblegó y se mantuvo firme ante estos ataques. Será ella misma la que narra cómo ingresó en el monasterio con los seis tomos del Breviario y como le fueron retirados, llegando incluso a prohibirle servirse de textos bíblicos y litúrgicos en latín.

Vida, y Virtudes, favores del cielo, milagros, y prodigios de la V. Madre Sor Maria Angela Astorch, religiosa capuchina ... [9-C-2]. BVPB.

La temprana muerte de sus padres marcó sin duda el rumbo de su vida, pero un increíble suceso sería el que dio un cambio definitivo a la edad de siete años. “…se criaba nuestra María Ángela al cuidado de Apolonia, su ama, despuntando tanto en sus habilidades propias de sus años tiernos, y mucho más en tan inocencia, y devoción, que ya parecía Maestra. (…) El caso es que un día, sin advertir la niña el daño que la podía ocasionar se dejó llevar por el apetito, comiendo unas almendras verdes; y no pudiendo digerirlas, le sobrevino calentura ardiente; agravole la enfermedad, maliciore la fiebre y sin hacer efecto las medicinas que se la aplicaron la quito la vida antes de los siete años…”

Por causa de esta intoxicación dieron a la niña por muerta y prepararon su entierro. Dispusieron que fuera en el Convento de Comendadoras de Santiago en Barcelona. Atribuido a las profundas oraciones de la Madre Serafina, fundadora del convento, Jerónima volvió a la vida. El portentoso milagro le aportó madurez y confirmó su camino hacia la religiosidad, el cual no abandonaría hasta el final de sus días.

 

 

Ya superados los cincuenta años le fue encomendada la tarea de fundar el monasterio de las Clarisas Capuchinas en nuestra ciudad. El 9 de junio de 1645 saldría de Barcelona acompañada de otras cuatro religiosas hacia Murcia, para, “… fundar el convento de Murcia, en donde por veinte años, hasta su muerte feliz, hace admirables progresos, en virtudes y maravillas…)".  Fue inaugurando el 29 de junio de ese mismo año y partir de ese momento se implicó activamente en la vida de la ciudad siendo crucial su intervención en catástrofes como la epidemia de peste en 1648 y los desbordamientos del río Segura en 1651 y 1653.

Su progreso espiritual se ha conservado en los Relatos Autobiográficos y en las Cuentas de Espíritu. En ellos relata las experiencias místicas ocurridas entre los años 1626-1656. No dejó de escribir hasta que vio muy mermadas sus facultades.

[Relacion de el reconocimiento, executado por el ... Señor Obispo de Cartagena, ... del Cadaver de la V. Madre Sor Maria Angela Astorc, fundadora del Convento de Capuchinos de la ciudad de Murcia]. Archivo Digital de la Ciudad de Murcia.

Murió rodeada de sus hermanas el 2 de diciembre de 1665. La ciudad de Murcia se volcó en su entierro. A lo largo de los años, el cuerpo de Sor Ángela, venerada por algunos y cuestionada por otros, fue sometido a un insólito peregrinaje de exhumaciones. Desde 1668 que comenzó el proceso para su beatificación, hasta en diez ocasiones su cadáver fue examinado, trasladado y expuesto al escrutinio de médicos, religiosos y curiosos, como si incluso después de muerta se le negara el derecho al silencio. Finalmente, el 23 de mayo de 1982 Juan Pablo II la beatifica en la Plaza de San Pedro.

La figura de Sor Ángela Astorch nos recuerda la fuerza silenciosa de tantas mujeres que, como ella, iluminaron su tiempo desde la sabiduría, la fe y la perseverancia. Mujeres que, con valentía y humildad, transforman el mundo desde lugares a menudo invisibles.

Aportación realizada por el Archivo Municipal de Murcia.

Julia Fernández Zabaleta

Julia Fernández Zabaleta

¿Cuántos años tienes? ¿Has tenido más profesores o profesoras? ¿De cuáles te acuerdas más? ¿Cómo los recuerdas en clase? ¿Qué sabes de ellos?

En el día de hoy queremos darte a conocer material educativo de los siglos XIX y principios del XX que está disponible a texto completo en BiNaDi (Biblioteca Navarra Digital). Y presentarte a una maestra pamplonesa, a Julia Fernández Zabaleta (1898-1961). Julia fue…

 

Hija de los navarros Valentín Fernández, natural de Mendigorría, y Concepción Zabaleta, de Mañeru. Su padre fue organista de la Catedral de Pamplona y por ello residían en una vivienda propiedad de la Iglesia.

Hermana de Valentín, nacido en 1901. Abogado afiliado a ELA. Murió exiliado en México.

Estudiante excelente. Estuvo matriculada en la Escuela Normal de Maestras y consiguió el primer premio en el curso de Ingreso y matrículas de honor en 2º, 3º y 4º cursos. Fue Premio Extraordinario de carrera en 1916. A sugerencia de la directora de la Escuela, solicitó al Ayuntamiento de Pamplona una beca de 300 pesetas para residir en Barcelona y poder asistir al Curso Internacional de Pedagogía, impartido por la pedagoga italiana Maria Montessori. A su regreso, con 18 años, redactó “Memoria del curso internacional Montessori” explicando el método para su implantación en las escuelas municipales.

Bibliotecaria. En 1921 participó en la fundación de la Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela Normal de Maestras de Pamplona, de la cual fue nombrada bibliotecaria durante dos años desde el 31 de diciembre de 1923.

Intérprete teatral. Participó en varias obras de teatro, como la gala en beneficio de las Cantinas Escolares.

Promotora de la lengua vasca. En 1922 se matriculó en una de las cátedras instituidas por la Diputación Foral de Navarra para el aprendizaje del euskera, idioma en el que pronuncia una conferencia en menos de un año. Participa en la “Euskal-Esnalea”; colabora con Euskaltzaindia; forma parte de “Euskeraren Adiskideak” consiguiendo la apertura de la primera Escuela Vasca de Pamplona, donde dio clases.

Feminista. Colaboró en la “Escuela del Hogar” de la Escuela de Maestras.  Proclamaba que había que dignificar a la mujer, que las mujeres debían formarse tanto en conocimientos como profesionalmente, trabajar en empleos remunerados fuera de casa y acceder a los cargos públicos.

Activista política. Defendía que el ámbito de la política estaba abierto a las mujeres. Fue una de las creadoras e impulsoras de “Emakume Abertzale Batza” (EAB) en Navarra. Su constitución se realizó el 29 de octubre de 1931 en una reunión en la que se eligió a la Junta de Gobierno, con Julia en su presidencia, y a la que asistieron alrededor de cien mujeres.

Represaliada en el franquismo. Considerada “desafecta al régimen”, el 11 de septiembre de 1936, en acta municipal, el alcalde de Pamplona le impone castigo de medio año sin sueldo a ella y a su amiga Catalina Alastuey. Ante la negativa de regresar a una Pamplona bajo dominio golpista, la suspensión de empleo y sueldo es definitiva en enero de 1937. Huye a Getaria, a Bilbao, donde el Gobierno Vasco le comisiona para estudiar las bases de una futura Universidad vasca. Pero ante el avance de los requetés, se muda a Saint Jean de Pied de Port para trabajar como profesora. En 1941 regresa a Pamplona y da clases particulares a hijos de amigos nacionalistas. No fue restituida en su puesto de trabajo hasta 1958 y lo hizo en las escuelas Vázquez de Mella y El Alcázar de Pamplona.

 

Casi excomulgada. En 1948 el vicario Pablo Gúrpide promovió su excomunión por no abandonar la casa familiar, propiedad de la iglesia, cuando su padre murió. El arzobispo de Dax consiguió que no llegara a suceder.

Homenajeada. El 16 de febrero de 1961 fallece de forma inesperada por la reacción alérgica a una inyección. Su figura empieza a ser recuperada de diferentes formas. En 2018 en una exposición en el Colegio San Francisco, donde fue maestra. En 2022 con la aprobación de un acuerdo por el Ayuntamiento de Pamplona para poner su nombre a una plaza del sur del barrio de la Txantrea. En 2023 se publica un cómic. En 2024 se estrena la representación de una pastoral (vídeo).

En definitiva, Julia Fernández Zabaleta se volcó en la renovación de la enseñanza, en la promoción de la lengua y cultura vascas y en la reivindicación del papel de la mujer en la educación, en la sociedad y en la política.

Biografía en vídeo por Animaeuskera

Aportación realizada por la Biblioteca de Navarra.

El legado de Clotilde García del Castillo

EL LEGADO DE CLOTILDE GARCÍA DEL CASTILLO

Clotilde García del Castillo fue hija del famoso fotógrafo valenciano, Antonio García Perís y esposa del archiconocido pintor Joaquín Sorolla. Su imagen, desde pequeña, quedó vinculada a la Historia del Arte. Desde la perspectiva de estos dos artistas Clotilde se nos presenta como hija, musa, modelo, madre, acompañante, cuidadora. Si nos quedamos en una primera lectura nos convencemos de que fue la perfecta representación del ángel del hogar finisecular.

Nacida en el seno de una familia pequeño burguesa y esposa de un pintor reconocido por sus contemporáneos, la imagen de Clotilde se nos muestra una y otra vez como la personificación de la perfecta mujer de vida elegante y aburguesada dedicada al noble arte del dolce far niente.

Sin embargo, su carácter y personalidad se refleja claramente a través de la correspondencia con su marido, sus hijas y los testimonios de las personas que la conocieron, revelando así que Clotilde fue mucho más que la esposa del gran artista.

De apariencia sencilla y complexión frágil, fue una mujer con carácter y no menos voluntad. Aunque discreta y siempre manteniéndose en un segundo plano, desde su matrimonio con Sorolla hizo que el talento de su marido se proyectara, se considerara y se admirara más allá de nuestras fronteras. Fue ella quien administraba, no sólo la casa y la vida doméstica, sino también, la gestión de la producción artística de su marido. Se encargaba de la correspondencia, los envíos de obras nacionales e internacionales demostrando tener una gran capacidad de organización y competencia. De su educación poco se sabe, pero por su esmerada caligrafía y cuidada ortografía, así como su conocimiento del francés podemos concluir que recibió la instrucción adecuada a una mujer perteneciente al mundo de la burguesía. Fue una gran lectora, gustaba de estar informada de los asuntos de su tiempo. Sorolla la representa en muchas ocasiones leyendo libros o periódicos, en escenas cargadas de intimidad.

ANÓNIMO (1911-1919). Museo Sorolla.

Debido a su carácter meticuloso se desempeñó más que bien en la intendencia de la casa y la economía familiar. Se encargaba de los trámites bancarios, el pago a proveedores, la contabilidad de los gastos e ingresos. Incluso su marido, que se consideraba asimismo un “manirroto y derrochón”, le informaba de sus “antojos” para que los anotara en sus libros de cuentas. Por supuesto, Clotilde también se encargaba de enviarle el dinero cuando era necesario, de ahí el apodo de “Ministra de Finanzas” que le otorgó.

Fue una mujer trabajadora, en alguna ocasión en que tuvo que interpretar el papel de esposa acomodada del gran pintor, manifestó su desesperación por la inactividad y la vida improductiva que había de llevar, como así le escribe en 1911 a su hija desde Chicago:

“¡Dichosa tú que estás tranquila y trabajas! En cambio, yo nada de provecho hago y me rindo de tantos tes, almuerzos, cenas y latas a todas horas”.

Carta de Sorolla a Clotilde. 11 de noviembre de 1914.

Me estoy quedando sin un céntimo, tengo ahora sólo cien pesetas, que volarán fácilmente pues los cocheros son muy hambrientos. Ruego al ministro de la Finanze no demore su venida y traiga fondos

Su gran tesón y su trabajo fue reconocido y respetado por todos los que la conocieron. El mecenas y filántropo Archer Milton Huntington, lo refleja en su diario tras una visita que hizo a la casa del matrimonio en 1918:

“Mi pobre y querida Clotilde, ha tenido que soportar todo el peso de la familia y de convivir con un genio, y su menudo cuerpecillo ha librado casi tantas batallas como el de su eminente marido. Sin ella seguramente no habría llegado a donde ha llegado”.

Tras la muerte de su marido, no dudará en materializar la voluntad de éste, convertir su casa-taller en museo. El origen de esta idea se supone influenciado por los modelos de museos estadounidenses que el matrimonio pudo ver en sus viajes, el propio proyecto de la Hispanic Society de Huntington o la influencia progresista del krausismo, de acercar la cultura a la gente, recibida a través de los contactos y amistades que tenían con miembros de la ILE. La creación del museo, culminación de un proyecto de vida conjunto, no hubiera sido posible sin el carácter pragmático de Clotilde.

En 1925 Clotilde dictó testamento legando su casa y todo lo que contenía al Estado español. Una acción generosa, altruista y sin muchos precedentes en la España de aquel momento, aunque sí en el extranjero. Evitó de esta manera la dispersión de las obras y trascendió el olvido, creando un espacio para el estudio y la conservación de la obra de Sorolla, afianzando el lugar que le correspondía por pleno derecho en la Historia del Arte. Ese es el verdadero legado de Clotilde.

 

Aportación realizada por la Biblioteca del Museo Sorolla.

ANÓNIMO (1925-1929). Museo Sorolla.